El Forn de Gósol: cocina de montaña con una mirada propia a los pies del Pedraforca
Producto del territorio, huerto propio, brasa, una gran selección de vinos y una cocina que parte de la tradición sin quedarse en ella.
Hay restaurantes que podrían estar en cualquier lugar. El Forn no se entendería fuera de Gósol. La montaña, el producto, el huerto, la brasa e incluso la historia de este pequeño pueblo a los pies del Pedraforca acaban apareciendo, de una manera u otra, en la mesa.
Lo encontramos en Cal Moixó, en el mismo Gósol. Detrás están Quim y Núria y un proyecto que empezó en el año 2004 con una idea que todavía hoy define muy bien la casa: partir de la cocina y del producto del territorio, pero sin convertir la tradición en un corsé.
Nosotros llegamos después de descubrir Gósol. Y es difícil imaginar una manera mejor de acabar la visita.
En El Forn hay territorio, producto y memoria, pero también hay libertad para reinterpretarlos.
Una casa vinculada a Gósol
El Forn nació en el año 2004 en Cal Moixó. Desde entonces, la casa ha ido construyendo una propuesta gastronómica muy vinculada al entorno que la rodea.
Aquí tienen importancia los productos de temporada, las verduras y hierbas, la carne, las setas cuando es tiempo y todo aquello que permite explicar desde la cocina el territorio de montaña.
Una parte de este vínculo es especialmente directa: disponen de huerto propio. Lo que produce la tierra puede acabar convirtiéndose en un ingrediente más de la cocina, respetando el ritmo que marca cada temporada.
Foie hecho en casa: empezar dejando claras las intenciones
Un buen ejemplo de esta manera de trabajar es el foie hecho en casa.
Es un plato que ya nos sitúa en el tipo de restaurante donde estamos: elaboración propia, producto como protagonista y una presentación cuidada sin necesidad de artificios innecesarios.
Una cocina que mira hacia el territorio
El Forn define su propuesta como una combinación entre cocina tradicional y cocina de autor. Y probablemente es aquí donde mejor se entiende la casa.
No se trata de reproducir literalmente la cocina de montaña de siempre, pero tampoco de olvidarla. El punto de partida continúa siendo el producto, las temporadas y los sabores que tienen sentido en este paisaje.
La brasa también forma parte de este lenguaje. Fuego, producto y cocciones que permiten mantener el sabor en el centro del plato.
Ternera del Berguedà
Y si hay un producto capaz de explicar esta filosofía sin muchos discursos, es la ternera del Berguedà.
Aquí la relación entre cocina y territorio deja de ser una idea abstracta. Estamos en el Berguedà y el producto de la comarca entra directamente en el plato.
Una carta de vinos pensada con el mismo criterio
La cocina no es la única parte de la propuesta que vale la pena explorar. La selección de vinos tiene un peso importante en El Forn y sigue una filosofía coherente con el resto de la casa.
Encontramos protagonismo de pequeños productores, bodegas con personalidad y referencias ecológicas. Una carta pensada para acompañar una cocina con producto, brasa y sabores de montaña, pero también para descubrir vinos menos evidentes.
Picasso, el pan y El Forn
Hay un detalle de la casa que nos vuelve a llevar a una de las historias más fascinantes de Gósol.
En El Forn sirven pan elaborado en el horno de leña del pueblo. Y desde el mismo restaurante recuerdan una imagen que conecta este alimento cotidiano con Pablo Picasso.
Durante su estancia en Gósol en el año 1906, el artista retrató personas y escenas que formaban parte de la vida del pueblo. Entre estas obras encontramos la figura de la mujer de los panes, una de aquellas imágenes que forman parte del universo gosolano que Picasso se llevó con él.
Más de un siglo después, el pan continúa saliendo del horno de leña de Gósol y llegando a las mesas.
Es un detalle pequeño, pero explica muy bien por qué decíamos al principio que El Forn no se entendería igual en ningún otro lugar.
Y guardad espacio para los postres
Aquí haríamos una recomendación especialmente clara: no lleguéis al final de la comida sin dejar sitio para los postres.
En El Forn son caseros y forman parte de la personalidad de la casa. No son simplemente el trámite dulce después de los platos principales, sino una última parte de la experiencia que merece protagonismo propio.
El Forn es uno de esos restaurantes que tienen aún más sentido cuando forman parte del viaje. Llegar a Gósol, recorrer el pueblo, subir hasta el castillo y acabar sentados en la mesa convierte la jornada en una manera muy completa de descubrir este rincón del Berguedà.
Y en la mesa: producto, platos de temporada, brasa, una buena botella de vino y espacio reservado para los postres.
Un restaurante que también explica Gósol
Cuando un restaurante está realmente conectado con el lugar donde se encuentra, comer en él también es una manera de conocer el territorio.
En El Forn encontramos el producto del Berguedà, el huerto, el fuego, el pan del pueblo y una manera contemporánea de interpretar la cocina de montaña.
Todo esto en un pueblo donde las ruinas de la antigua villa todavía vigilan el valle, el Pedraforca domina el horizonte y la memoria de Picasso continúa apareciendo más de un siglo después.
Gósol y El Forn forman una de esas combinaciones por las que vale la pena hacer kilómetros.
