Hay pueblos a los que se llega casi por casualidad y que obligan a detenerse. Josa de Cadí es uno de ellos. La carretera se adentra entre montañas y, de repente, aparecen las primeras casas de piedra en medio de un paisaje que parece desproporcionadamente grande para un núcleo tan pequeño.
Estamos en el extremo oriental del Alt Urgell, en un territorio marcado por la sierra del Cadí, la sierra del Verd y los valles que se abren entre ellas. Josa es hoy uno de los dos núcleos del municipio de Josa i Tuixent y una magnífica puerta de entrada a esta parte del Parque Natural del Cadí-Moixeró.
Josa de Cadí
Un pueblo pequeño rodeado de montañas
Una de las cosas que más sorprenden cuando se llega a Josa es el paisaje. El pueblo queda encajado en un territorio de montaña donde las casas, los campos y los bosques parecen pequeños ante las dimensiones del relieve.
El término de Josa i Tuixent se extiende por las laderas meridionales de la sierra del Cadí y llega hasta el puig de la Canal Baridana, de 2.647 metros, el punto más alto de la sierra del Cadí.
Pero justo delante de Josa hay una montaña que se lleva buena parte de las miradas: el Cadinell. Su silueta domina el paisaje y convierte muchas de las perspectivas del pueblo en una postal de montaña.
Calles de piedra y silencio
Josa no necesita una larga lista de monumentos para justificar la visita. Una parte importante de su encanto consiste simplemente en caminar por sus calles.
Casas de piedra, tejados tradicionales, pequeños rincones y callejones que se adaptan al desnivel recuerdan la arquitectura de los antiguos pueblos de montaña. Aquí el mejor plan es probablemente no tener ninguno: aparcar, empezar a caminar y dejar que el pueblo se vaya descubriendo poco a poco.
Y sobre todo mirar hacia arriba. Porque en Josa, entre dos casas o al final de una calle, casi siempre vuelve a aparecer la montaña.
Josa de Cadí
Una historia que nos lleva hasta los cátaros
A pesar de sus dimensiones, Josa tiene una historia sorprendentemente rica.
Su castillo ya aparece documentado a principios del siglo XII y el pueblo fue el centro de la señoría de Josa. Sus señores, inicialmente vinculados a los poderosos barones de Pinós, fueron ganando influencia sobre varios castillos del valle de la Vansa.
La historia se vuelve aún más interesante en el siglo XIII. Los conflictos de los señores de Josa con la Iglesia de Urgell favorecieron su vinculación con el catarismo y el castillo de Josa llegó a servir de refugio a los llamados buenos hombres.
Esta memoria continúa muy presente en el pueblo. Desde 1996, Josa celebra las jornadas “Josa, país de cátaros”, con actividades que recuperan este episodio de su pasado medieval.
Santa María de Josa, vigilando el pueblo
Uno de los elementos más característicos del paisaje de Josa es la iglesia de Santa María, situada sobre un pequeño promontorio rocoso.
Es uno de los testimonios del patrimonio románico del municipio, junto con Sant Esteve de Tuixent y la capilla de Sant Jaume. Su posición elevada hace que el campanario aparezca entre la vegetación cuando recorremos algunas de las calles y caminos del pueblo.
Vista desde abajo, con la piedra de la iglesia confundiéndose con la misma roca de la montaña, es probablemente una de las imágenes más representativas de Josa.
Josa de Cadí
El Cadinell: la montaña que domina Josa
Para quienes quieran convertir la visita en una jornada de montaña, desde Josa sale uno de los itinerarios del Parque Natural del Cadí-Moixeró que permite subir al Cadinell, de 2.113 metros.
El recorrido pasa por Santa María de Josa y por el collado de Jovell antes de enfilarse hacia la cima. Desde el collado se abren vistas hacia el valle y también hacia otra de las grandes montañas de esta parte del país: el Pedraforca.
Es una buena muestra de hasta qué punto Josa puede ser mucho más que una parada: también puede convertirse en punto de partida para descubrir a pie el paisaje que la rodea.
Un pueblo con una historia aún más escondida: Cerneres
En los alrededores de Josa hay también una historia mucho menos conocida.
El antiguo término incluía el vecindario de Cerneres, situado más arriba del valle del río de Josa. Había aproximadamente una docena de casas, los restos de algunas de las cuales aún se pueden ver.
El lugar quedó despoblado en el siglo XX. Durante los años cuarenta, en plena represión de la posguerra, las casas fueron incendiadas por la Guardia Civil ante la presencia de maquis que utilizaban la zona como escondite.
Es un episodio duro y poco conocido que recuerda que detrás de los paisajes aparentemente tranquilos del Pirineo también se esconden muchas capas de historia.
Josa de Cadí, un lugar para ir sin prisas
Quizás esta es la mejor manera de entender Josa. No es un pueblo al que hay que llegar con una lista interminable de cosas por ver. Es más bien un lugar para pasear, mirar y quedarse un rato.
Recorrer las calles de piedra. Buscar el campanario de Santa Maria entre las casas. Contemplar el Cadinell. Escuchar el silencio. Y entender por qué estos pequeños núcleos de montaña siguen teniendo una capacidad especial para hacernos reducir el ritmo.
Y antes de irse... Ca l'Amador
Pero hay otro motivo por el que Josa de Cadí merece una visita.
En medio de este pequeño pueblo de montaña encontramos Ca l'Amador, un restaurante que se ha convertido en una de las referencias gastronómicas de la zona y que demuestra que no hace falta ir a una gran ciudad para encontrar cocina con personalidad.
Nosotros también paramos. Y la visita merece un capítulo propio.
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