10 de junio de 1926: moría Antoni Gaudí, el genio que transformó Barcelona

Tres días después de ser atropellado por un tranvía, Antoni Gaudí fallecía en el Hospital de la Santa Creu. Su muerte conmocionó a Cataluña, pero su legado sigue vivo casi un siglo después.

El 10 de junio de 1926, Cataluña perdía a una de sus figuras más universales. Aquel día fallecía Antoni Gaudí, el arquitecto que revolucionó la arquitectura moderna y que convirtió Barcelona en una ciudad admirada en todo el mundo.

Su muerte se produjo tres días después de haber sido atropellado por un tranvía mientras caminaba por la Gran Via de les Corts Catalanes. El accidente había tenido lugar el 7 de junio y las heridas resultaron irreversibles.

Los últimos días de Antoni Gaudí

Tras el atropello, Gaudí fue trasladado al Hospital de la Santa Creu en estado grave. Su apariencia humilde provocó que inicialmente nadie reconociera que aquel hombre herido era uno de los arquitectos más importantes del mundo.

Durante tres días permaneció hospitalizado mientras la noticia de su estado se extendía por Barcelona. A pesar de los esfuerzos de los médicos, las lesiones eran demasiado graves y Antoni Gaudí falleció la tarde del 10 de junio de 1926.

Una ciudad de luto

La muerte de Gaudí causó una profunda conmoción. Barcelona perdía al creador de la Sagrada Familia, del Park Güell, de la Casa Batlló, de La Pedrera y de algunas de las obras más emblemáticas del modernismo catalán.

Su figura era admirada no solo por sus conocimientos arquitectónicos, sino también por su dedicación absoluta al trabajo y a la construcción de la Sagrada Familia, proyecto al que había consagrado los últimos años de su vida.

Un funeral multitudinario

El funeral se convirtió en una gran muestra de afecto popular. Miles de personas salieron a las calles de Barcelona para despedir al arquitecto.

El féretro fue trasladado en una numerosa comitiva fúnebre hasta la Sagrada Familia. En la cripta del templo, la obra a la que había dedicado buena parte de su existencia, Antoni Gaudí fue enterrado el 12 de junio de 1926.

Un legado que sigue vivo

Casi cien años después de su muerte, Antoni Gaudí continúa siendo una de las figuras más influyentes de la cultura catalana. Sus obras atraen a millones de visitantes cada año y han convertido Barcelona en una de las capitales arquitectónicas del mundo.

La Sagrada Familia, todavía en construcción, es probablemente el mejor símbolo de su legado. Un proyecto monumental que sigue cautivando a generaciones y que mantiene vivo el espíritu creativo de un hombre que entendió la arquitectura como una expresión artística única.

Cada 10 de junio, su figura vuelve a ser recordada como la de un genio que dejó una huella imborrable en la historia de Cataluña y de la arquitectura universal.

 
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