El 20 de septiembre de 1977, poco después de las once de la mañana, un hombre entró en la redacción de la revista satírica El Papus, en la calle Tallers de Barcelona, llevando una maleta.
Dijo que tenía que entregarla a la revista y la dejó en manos del conserje del edificio, Juan Peñalver Sandoval.
Pocos minutos después, la maleta explotó.
La deflagración destrozó buena parte de la redacción, provocó una quincena de heridos y mató a Juan Peñalver. El Papus acababa de sufrir uno de los atentados más graves contra un medio de comunicación durante la Transición.
¿Qué era El Papus?
Para entender por qué aquella revista podía convertirse en objetivo de un atentado hay que volver a la España de los años setenta.
El Papus había aparecido en Barcelona en 1973 y se había convertido en una de las publicaciones satíricas más provocadoras del momento. Humor, caricatura y crítica política y social convivían en sus páginas en unos años en que la censura franquista todavía era una realidad.
Por la revista pasaron algunos de los nombres más destacados del humor gráfico y el cómic de la época, entre ellos Ivà, Óscar, Fer, Ja, Gin, Ventura & Nieto o Carlos Giménez.
Su manera de abordar la política, la Iglesia, el ejército, la sexualidad o los cambios sociales le comportó problemas constantes con la censura, denuncias, multas y suspensiones.
Una maleta en la redacción
La mañana del 20 de septiembre de 1977, un desconocido llegó al edificio donde trabajaba la revista con una maleta que contenía un artefacto explosivo.
Juan Peñalver, conserje del edificio, recogió el paquete. La explosión se produjo poco después y afectó gravemente las instalaciones de la revista.
Peñalver murió como consecuencia del atentado y una quincena de personas resultaron heridas.
Las imágenes de la redacción destrozada mostraron hasta qué punto la violencia política continuaba presente en una España que intentaba dejar atrás casi cuatro décadas de dictadura.
La Transición también fue violenta
Hoy la Transición española a menudo se recuerda a través de las elecciones, los pactos políticos y la aprobación de la Constitución. Pero aquellos años también estuvieron marcados por una importante violencia política.
Grupos de extrema derecha protagonizaron amenazas, agresiones y atentados contra personas, organizaciones y medios vinculados a las nuevas libertades políticas y sociales.
El Papus ya había recibido amenazas antes de la explosión. La revista representaba precisamente muchas de las cosas que aquellos sectores rechazaban: irreverencia, crítica al poder y una libertad de expresión que empezaba a abrirse paso después de la muerte de Franco.
¿Quién puso la bomba?
El atentado fue reivindicado por la Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista), una denominación utilizada por grupos de la extrema derecha durante aquellos años.
La investigación judicial se alargó durante años, pero el proceso no acabó aclarando completamente todas las responsabilidades del atentado.
Esta falta de una respuesta judicial contundente acabaría convirtiéndose también en una parte importante de la historia del caso.
El Papus no dejó de publicarse
A pesar de la bomba, la revista continuó.
El atentado no consiguió silenciar El Papus, que aún se publicaría durante casi una década más. La revista acabó desapareciendo en 1987, después de más de diez años de humor, provocación y crítica social.
Con el tiempo, sus páginas se han convertido también en un testimonio excepcional de aquella Barcelona y de aquella España que cambiaban a una velocidad enorme.
Una historia recuperada décadas después
El atentado contra El Papus ha sido recuperado posteriormente en libros, documentales y programas dedicados a reconstruir los episodios más oscuros de la Transición.
Entre ellos, Crims, el programa dirigido por Carles Porta, dedicó un episodio al caso bajo el título PAPUS: la visita del rencor, volviendo a poner aquella historia delante de una nueva generación de espectadores.
Han pasado 49 años de aquel 20 de septiembre de 1977.
Una maleta abandonada en una redacción de Barcelona dejó un muerto, una quincena de heridos y una imagen que resume una cara de la Transición que durante muchos años quedó en segundo plano: la de la violencia contra aquellos que empezaban a ejercer una libertad que hasta hacía muy poco había estado prohibida.
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