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Milos: nuestra ruta por una de las islas más espectaculares de Grecia

Playas imposibles, pueblos de pescadores, paisajes volcánicos, buena cocina y una ruta en barca hasta Kleftiko: así descubrimos Milos y así recomendamos hacerlo

Hay islas que cumplen las expectativas y hay otras que las superan. Milos fue una de las grandes sorpresas de nuestro viaje por las Cícladas. Pasamos cinco días allí y, cuando llegó el momento de marcharnos, la sensación era clara: nos habríamos podido quedar cuatro o cinco días más.

No porque nos hubieran quedado cuatro monumentos por visitar, sino porque Milos es una isla que invita a explorar. A coger el coche, abandonar las carreteras principales, buscar una playa que casi no sale en los mapas, llegar a un pueblo de pescadores, comer frente al mar o descubrir que detrás de una montaña blanca aparece una roja.

Si tuviéramos que definir Milos con una sola palabra, probablemente sería diversidad.

Milos

Una isla que parece muchas islas diferentes

Milos es de origen volcánico y eso explica buena parte de los paisajes que la hacen tan especial. En pocos kilómetros pasas de formaciones completamente blancas a acantilados rojizos, playas de guijarros, pequeñas calas turquesas y zonas que parecen literalmente de otro planeta.

Y no es solo una cuestión estética. El subsuelo ha condicionado la historia de Milos durante milenios. La obsidiana de la isla ya se explotaba durante el Neolítico para fabricar herramientas y armas y se comercializaba por diferentes puntos del Egeo. Todavía hoy Milos mantiene una importante actividad minera.

Esta geología es una de las razones por las que recorrer la isla resulta tan sorprendente: el paisaje cambia constantemente.

Sarakiniko: empezar el viaje en la Luna

Nuestro primer gran impacto fue Sarakiniko.

Es probablemente el paisaje más conocido de Milos y, a pesar de haberlo visto muchas veces en fotografías antes del viaje, llegar allí sigue impresionando. Las enormes formaciones blancas modeladas por la erosión contrastan con el azul intenso del Egeo y crean ese famoso paisaje lunar que ha convertido a Sarakiniko en una de las imágenes más reconocibles de la isla.

El consejo es sencillo: no os limitéis a hacer la fotografía. Caminad por las formaciones, explorad la costa y dedicadle un rato.

Mandrakia: una de las primeras postales de Milos

Desde Sarakiniko continuamos hasta Mandrakia, un pequeño núcleo de pescadores construido literalmente junto al mar.

Aquí empiezan a aparecer unas construcciones que veremos repetidamente durante el viaje: las pequeñas casas y refugios de pescadores excavados o construidos a ras de agua, con puertas de colores.

Mandrakia es pequeño. Y precisamente esa es la gracia.

Barcas, casas blancas, puertas azules, pulpos secándose al sol y el mar enfrente.

Y aquí hicimos también una de nuestras paradas gastronómicas del viaje: Medusa, una taberna frente al mar ideal para combinar con la visita a Mandrakia.

Milos

Para descubrir Milos, nosotros volveríamos a alquilar un 4x4

Esta es una de las recomendaciones más personales que podemos dar después de haber recorrido la isla: nosotros volveríamos a elegir un 4x4.

Milos tiene una red principal de carreteras fácil de recorrer, pero una parte importante de la gracia de la isla aparece cuando empiezas a salir de ella. Especialmente en el oeste hay pistas sin asfaltar y accesos por los que las compañías de alquiler pueden establecer restricciones.

Por eso es importante comprobar siempre las condiciones de la empresa con la que alquiléis el vehículo. En nuestro caso, disponer de un vehículo adecuado nos permitió explorar una Milos mucho más salvaje.

El oeste de Milos: cuando desaparece casi todo el mundo

Uno de los días que más recordamos fue precisamente el que dedicamos a recorrer la parte occidental de la isla.

Aquí Milos cambia completamente. Hay menos construcciones, menos tráfico y muchos tramos en los que el paisaje domina absolutamente todo.

Es también donde entiendes mejor la relación de Milos con la minería. La isla ha explotado sus recursos minerales durante milenios y todavía hoy se extraen, entre otros, bentonita, perlita, puzolana y caolín.

Una buena manera de entender esta historia es visitar el Milos Mining Museum, en Adamas, pero conduciendo por determinadas zonas de la isla esta realidad geológica ya es perfectamente visible en el paisaje.

Embourios: llegar también forma parte de la experiencia

Durante esta ruta llegamos hasta Embourios, en una zona mucho más tranquila de la isla.

Allí paramos a comer en una taberna prácticamente frente al mar.

No era un restaurante sofisticado ni lo necesitaba. Mesas frente al agua, platos griegos, vino y aquella sensación de haber llegado a un rincón de la isla que mucha gente que visita Milos durante dos días probablemente no llegará a conocer.

Este tipo de momentos acabaron siendo una parte importante del viaje.

Plaka y una puesta de sol que justifica la visita

Por la tarde subimos hasta Plaka, la capital de Milos.

Casas blancas, callejones estrechos, pequeñas iglesias y una situación elevada que convierte el pueblo en uno de los grandes puntos de la isla para ver ponerse el sol.

Y sí: aquí la puesta de sol es realmente espectacular.

El sol desaparece detrás de las islas del Egeo mientras las fachadas blancas empiezan a perder la luz. Es uno de esos lugares donde vale la pena llegar con tiempo, caminar sin mucho objetivo y buscar un rincón desde donde esperar el atardecer.

Firopotamos y Plathiena: el Milos que imaginamos antes de llegar

Otro día lo dedicamos a Firopotamos y Plathiena.

Firopotamos es una pequeña bahía protegida, con casas de pescadores prácticamente sobre el agua y una iglesia blanca presidiendo el conjunto. Es una de las imágenes que mejor resumen la estética de las Cícladas.

Plathiena, en cambio, nos sirvió para seguir descubriendo esta costa norte llena de pequeñas playas y rincones donde pasar unas horas sin necesidad de hacer nada más.

El Teatro Antiguo y la historia de la Afrodita de Milos

Milos no es solo playas.

Muy cerca de Klima se conserva el Teatro Antiguo de Milos, integrado en un paisaje espectacular sobre el mar.

Y esta zona está inevitablemente relacionada con la obra que ha hecho mundialmente famoso el nombre de la isla: la Afrodita de Milos, más conocida como la Venus de Milo, descubierta en la isla en el año 1820 y conservada actualmente en el Museo del Louvre de París.

La visita permite incorporar un poco de historia a una jornada que puede acabar, pocos minutos después, en uno de los lugares más fotogénicos de Milos.

Klima: esperar a que caiga el sol frente al mar

Klima es probablemente el pueblo de pescadores más conocido de Milos.

Sus construcciones a ras de agua, con puertas y balcones de colores, forman una estrecha franja entre la montaña y el mar.

Nosotros llegamos a última hora de la tarde y fue un acierto.

A medida que baja el sol, el pueblo cambia completamente. Las fachadas adquieren una luz más cálida y el mar queda prácticamente delante de los pies.

Si podéis, haced coincidir Klima con el atardecer.

Papafragas y Pollonia

Al día siguiente continuamos hacia el noreste.

La primera parada fue Papafragas, una estrecha entrada de mar encajonada entre paredes de roca que vuelve a demostrar hasta qué punto la geología determina el paisaje de Milos.

Después continuamos hasta Pollonia, uno de los núcleos más agradables de la isla para pasear y parar a comer frente al mar.

Aquí hicimos exactamente eso: pescado, producto mediterráneo y una mesa con el Egeo delante.

Kastanas: otra Milos completamente diferente

La misma tarde llegamos hasta Kastanas Beach.

Y nuevamente parecía que hubiéramos cambiado de isla.

Rocas de colores, guijarros, paredes minerales y una costa mucho menos domesticada. Es un buen ejemplo de lo que más nos gustó de Milos: no todas sus playas se parecen.

Las hay blancas, rojizas, rocosas, protegidas, abiertas al viento, accesibles fácilmente y otras que exigen un poco más de aventura.

El día que cogimos una barca y nos fuimos hacia Kleftiko

Y aún nos faltaba una de las mejores experiencias del viaje.

Alquilamos una pequeña barca que se podía conducir sin licencia en la zona de Provatas y salimos a navegar por la costa sur de Milos en dirección a Kleftiko.

Conducir nosotros mismos, ir deteniéndonos en pequeñas calas, bañarnos cuando nos apetecía y ver la costa desde el mar convirtió aquel día en uno de los mejores de todo el viaje.

Y al final aparece Kleftiko.

Acantilados blancos, arcos naturales, cuevas y un agua transparente que convierten este antiguo refugio natural de la costa suroccidental en uno de los paisajes imprescindibles de Milos.

Nosotros hicimos esta experiencia por nuestra cuenta con una empresa local. Si queréis hacer una experiencia similar y preferís llevar vosotros mismos la barca, en GetYourGuide hay una opción de barca autónoma sin licencia con ruta hacia Kleftiko.

Consulta disponibilidad y precios de la barca sin licencia hasta Kleftiko

Importante: no es la misma empresa con la que navegamos nosotros, sino una alternativa reservable para hacer una experiencia similar. Las rutas y la posibilidad de navegar hasta determinadas zonas dependen de las condiciones marítimas y de las normas de cada operador.

¿Y si no queréis conducir la barca?

Hay una alternativa mucho más cómoda: hacer la excursión con patrón.

Una de las opciones más interesantes combina Milos y Polyaigos en una jornada de navegación, con paradas para bañarse y comer a bordo.

Consulta la excursión en velero por Milos y Polyaigos

Comer también forma parte del viaje

Otra de las cosas que nos sorprendió positivamente de Milos fue la gastronomía.

Durante cinco días combinamos tabernas tradicionales frente al mar con restaurantes más elaborados.

Entre los lugares que formarían parte de nuestra ruta se encuentran Medusa, en Mandrakia; la taberna de Embourios, perfecta durante la ruta por el oeste; y Psaravolada Restaurant, donde cenamos después de nuestro día de navegación.

Pero probablemente el mejor consejo es no obsesionarse con tener todos los restaurantes reservados antes de viajar. Una parte del placer de Milos es llegar a un pueblo, ver una taberna frente al mar y decidir quedarse allí.

Milos

Nuestra ruta de 5 días por Milos

Si tuviéramos que repetir exactamente el viaje, esta sería una muy buena base:

Día 1: Sarakiniko + Mandrakia + Medusa.

Día 2: ruta por el oeste de Milos + Embourios + puesta de sol en Plaka.

Día 3: Firopotamos + Plathiena + Teatro Antiguo + atardecer en Klima.

Día 4: Papafragas + Pollonia + Kastanas Beach.

Día 5: Provatas + ruta en barca hasta Kleftiko + cena en Psaravolada.

Es una ruta intensa pero sin necesidad de correr.

Y aun así nos quedaron lugares pendientes.

¿Cuántos días dedicaríamos a Milos?

Cinco días nos parecen un mínimo fantástico si realmente queréis descubrir la isla.

Con tres días podéis ver los imprescindibles. Con cuatro o cinco empezáis a entender Milos. Y si disponéis de una semana, difícilmente os aburriréis.

Nosotros estuvimos cinco días.

Nos habríamos quedado cuatro o cinco más.

Dónde alojarse en Milos

Nosotros preferimos alojarnos fuera de los núcleos más concurridos y utilizar el vehículo para movernos por la isla. Si queréis hacer una ruta similar, tener coche facilita mucho las cosas.

Adamas es práctico por el puerto y por los servicios; Pollonia es una alternativa agradable si buscáis un ambiente más tranquilo; y las zonas del sur permiten estar más cerca de algunas playas y vivir una Milos más pausada.

Milos, ¿volveríamos?

Sin dudarlo.

No solo por Sarakiniko. Ni por Kleftiko. Ni por Klima.

Volveríamos porque Milos conserva aquella sensación de que cada mañana puedes salir sin saber exactamente qué encontrarás.

Una carretera de tierra que acaba frente al mar. Una montaña de un color imposible. Una taberna con cuatro mesas. Una playa prácticamente vacía. Un pueblo de pescadores. Una barca y una costa que solo puedes descubrir desde el agua.

Hay destinos que visitas.

Milos es de las que exploras.

Este artículo forma parte de Catalans pel món, la serie de Catalunya M'agrada en la que recorremos destinos que hemos visitado y explicamos qué haríamos después de haberlos conocido.

Milos