Costa Brava
El arroz de Pals: la historia de un cultivo que renació en el corazón del Empordà
Desapareció durante décadas, pero hoy vuelve a ser uno de los grandes símbolos gastronómicos del Empordà gracias a la recuperación de sus arrozales.
Cuando pensamos en el Empordà, lo primero que suele venirnos a la cabeza es el Mediterráneo, los acantilados o sus pueblos medievales.
Pero hay otro paisaje que explica este territorio de una forma muy diferente.
Un paisaje de aguas tranquilas.
De campos que cambian de color con el paso de las estaciones.
De canales, aves y agricultores.
Son los arrozales de Pals.
Y detrás de ellos se esconde una historia de desaparición, perseverancia y renacimiento.
💙 Especial Costa Brava
El arroz de Pals es uno de los grandes productos gastronómicos del Empordà y un ejemplo de cómo el paisaje también puede contar la historia de un territorio.
Un cultivo con siglos de historia
El cultivo del arroz en la llanura de Pals está documentado desde la Edad Media, aunque su desarrollo fue irregular a lo largo de los siglos.
Las condiciones del terreno, la abundancia de agua y la proximidad de las zonas húmedas convertían este enclave en un lugar idóneo para sembrar arroz.
Durante mucho tiempo, el arroz formó parte del paisaje cotidiano del Empordà.
Pero esa historia no siempre fue sencilla.
Cuando los arrozales desaparecieron
Durante el siglo XIX y buena parte del XX, el cultivo del arroz sufrió diferentes interrupciones.
Las preocupaciones sanitarias relacionadas con el paludismo, los cambios económicos y la transformación de la agricultura provocaron que muchos campos dejaran de cultivarse.
Parecía que aquel paisaje había desaparecido para siempre.
Sin embargo, todavía le quedaba por escribir su capítulo más importante.
🌾 ¿Sabías que...?
La recuperación moderna del arroz de Pals comenzó durante la segunda mitad del siglo XX gracias al impulso de varios agricultores que apostaron de nuevo por este cultivo tradicional.
El renacimiento del arroz de Pals
A partir de la década de 1960, varios agricultores recuperaron los antiguos arrozales.
Modernizaron los sistemas de riego, incorporaron nuevas técnicas de cultivo y apostaron decididamente por la calidad.
Aquella decisión transformó de nuevo el paisaje.
Hoy, cientos de hectáreas vuelven a dibujar una de las estampas más características del Baix Empordà.
Un paisaje que también es biodiversidad
Los arrozales no solo producen arroz.
También crean un hábitat de gran valor ecológico.
Durante buena parte del año acogen numerosas especies de aves acuáticas, anfibios y otros animales vinculados a las zonas húmedas.
Aquí agricultura y naturaleza conviven desde hace generaciones.
¿Qué hace tan especial a este arroz?
Las características del suelo, la calidad del agua y el clima mediterráneo favorecen un cultivo de gran calidad.
En Pals se producen variedades especialmente apreciadas para elaborar arroces tradicionales, capaces de absorber los sabores sin perder su textura.
No es casualidad que muchos cocineros del Empordà lo consideren un ingrediente imprescindible.
💙 La mirada de Catalunya M'agrada
Cuando contemplamos los arrozales de Pals no solo estamos viendo un cultivo. Estamos observando un paisaje que ha sabido reinventarse sin perder su memoria.
Un ingrediente que explica la cocina del Empordà
El arroz de Pals es protagonista de muchas recetas tradicionales.
Arroces de pescado.
Arroces de mar y montaña.
Guisos marineros.
Y numerosas elaboraciones que forman parte de la identidad gastronómica de la Costa Brava.
Porque detrás de un buen arroz siempre hay un territorio.
📚 El rigor de Catalunya M'agrada
Este reportaje se ha elaborado a partir de información de la Comunidad de Regantes de la Presa de Colomers, el Ayuntamiento de Pals, la Fundació Mascort, el Parque Natural del Montgrí, las Islas Medas y el Baix Ter, así como documentación histórica sobre el cultivo del arroz en el Empordà.
Cuando un campo también cuenta la historia de un país
Quizá lo más sorprendente de los arrozales de Pals es que muchas personas los descubren casi por casualidad.
Y, sin embargo, forman parte de uno de los paisajes agrícolas más singulares de Cataluña.
Un paisaje que habla de trabajo, de agua, de memoria y de futuro.
Porque el arroz de Pals no es solo un ingrediente.
Es una historia que continúa creciendo con cada nueva cosecha.
